martes, 1 de marzo de 2011

Plástica

Dicen que eres plástica, que no te importa nada. Sólo vives para la moda. Y ahí te muestras altiva, feliz, orgullosa de tu figura perfecta. Me ignoras, yo te observo cada mañana. Ni te enteras cuantas personas pasan por aquí. Simplemente disfrutas que ojos ajenos se paseen por tu integridad, entre ellos y como uno más, te contemplo. Me embriago con tu elegancia. Me detengo unos minutos para que mis pupilas hambrientas te devoren. Permaneces allí. En silencio. Lejana. Sofisticada. Inalcanzable. Casi ausente. Tan presente en mi pecho. A medias sonríes, quizá algún día de soslayo descubras que te acompaño siempre, y tu mirada se pose en mis ojos. Sueño con la posibilidad de poseerte. De tenerte en mis manos, que sea yo quien adorne tu silueta. Que mis dedos recorran tu toda tu superficie y logre la ideal combinación. De tu belleza y mi ingenio. De mis ideas y tu perfección. De mis bocetos y tu geometría. Dicen que no tienes sentimientos, que bajo tus pechos erectos, solo hay un vacío. Sin embargo, me amarás, porque sólo yo podré elevar tu hermosura... Me acerco un poco más, y mi aliento dibuja una nube en el cristal que nos separa. Reacciono. Miro el reloj, se hace tarde, debo continuar. Me marcho y te dejo la promesa de ser el responsable de la próxima colección...

miércoles, 23 de febrero de 2011

En el mismo café...

Sentados en la misma mesa. Tan distantes. Pensando el uno en el otro. Han probado el mismo café, en la misma taza tal vez... Él, concentrado en sus negocios. Ella con la mirada en cualquier lugar. Sus cabezas llenas de ideas, proyectos, deseos, sueños. Sus pechos vacíos, fríos, ausentes. La sonrisa perdida en tantos labios ajenos de aquel bulevar. Adornan las horas con palabras prestadas, de terceras voces, con la sola idea de ganarle al azar... Esperan, quizá a que un golpe de suerte les cambie la vida, o un nuevo tramonto les haga girar el timón a un rumbo distinto; todavía esperan. A reflejarse en sus ojos. A entrelazar los dedos. A ser salvados. A sortear la rutina en el mismo café. Su barba recién afeitada, expectante de sus labios carmín. Sus manos impecables acariciadas solo por la servilleta y el frío. Ella levantó su mirada una vez más, no le encontró. Él, clavó su atención en la noticia, y aprestó el oído. No oyó su nombre. Solo sonó una canción. La de ambos. Acordes que erizaban sus pieles ansiosas. Dermis cubiertas de huellas equivocadas. De pronto, una mueca se esforzó por parecer una sonrisa y se colgó en sus labios recién humedecidos del último sorbo. ¿Dónde estará eso que en silencio añoran? ¿En qué momento descuidaron aquello que tanto han atesorado? ¿En qué punto exacto de esas calles colapsadas se encontraba la luz que espantaría las sombras de sus ojos cansados? Una pequeña posibilidad de culpa y redención se paseó en sus mentes. Tal vez no era el momento, probablemente hayan esperado en la lugar preciso pero en un tiempo imperfecto. Decidieron cambiar de hábitos, con la desesperada creencia de engañar al destino. Ella regresó a la misma mesa, pero esta vez a despuntar el día. El se sentó por su café, pero ahora cuando dormía el sol...

domingo, 13 de febrero de 2011

7 Minutos

Sus manos dispuestas le rodearon lentamente. Liberó el lazo que le clausuraba. Procedió a descubrir en su interior. Le halló cómoda y plácidamente vehemente… Asió scon suavidad sus límites curvilineos. Le sostuvo, con una sonrisa plácida, entre sus dedos por unos minutos. En un lúdico instante, se entretuvo imaginando el placer que obtendría… Devoró su perfume satisfecho. La ansiedad aumentaba exponencialmente con cada segundo suspendido. Acercó sus labios. Con un ligero beso unió por primera vez su avidez con la suavidad de su deseo. Ligeramente procuró la llama. El fuego encendido entre los dos, separaba apenas su anhelo del aire compartido. Un aire que sería consumido en apenas siete minutos. No disponía de más, por tal razón prolongaba el placer. Acortaba la prisa. Suspendía el consumo. Contuvo la respiración por escasos segundos, mientras observaba como ardía silenciosamente. Pretendía aumentar el calor hasta perder la cabeza. Un segundo encuentro de labios, confirmó la rendición. Suspiró. Un vapor cubrió el espacio, y nublado su aire, cerró los ojos para pensar en ella otra vez. Sentía como corría por sus venas la pasión encontrada, dejando escapar diminutas pavesas como luciérnagas suicidas que danzaban en la frialdad nocturna. Su sabor colmó su boca, y su pensamiento se detuvo nuevamente en sus ojos. Un desasosiego vencido. Un paz infinita. Un recuerdo indeleble. Un momento para sí. Siete minutos. Creó imágenes en el espacio oscuro, en su mente alerta, en s pecho enamorado... y otra plácida sonrisa invadió sus labios. Dejó el resto... y volvió adentro.

martes, 16 de noviembre de 2010

De Rojo y Azul.


Se amaron con urgencia. La electricidad de un amor relámpago les condujo a una felicidad instantánea. Vertiginosos, libres y dispuestos volaron por los caminos. A alta velocidad atravesaron fronteras y anduvieron ciegos por la extensión de sus pieles... Con cada rosa, miles de besos; con cada fresa, montón de sonrisas. Un mar de te quieros inundó sus días. Tantas morpho menelaus liberadas, jugando traviesas, seguidas por labios y dedos. Sin frenos se aventuraron a la breve conquista de un sueño profundo. Entregados, ansiosos, ignoraron la tormenta. De repente, la realidad les impactó de un costado, robándole el control escaso. No pudieron detenerse a tiempo. El cielo de sus ojos se nubló de inmediato, y atada a su mano se aferraba a la vida que le regaló. Llovió rubíes su cuerpo. Y zafiros desnudos colgaban de su pecho. Sentía flotar, y en la liviandad de un suspiro se desvanecía. "No me dejes", suplicaba. Un torbellino cruzó sus mentes, mientras él intentaba retenerle en sus brazos. Se escuchaba lejano el llanto quejoso de una sirena. La sombra le ganaba al cuerpo. El frío vencía al beso. Buscó, ávido, las luces. Les veía venir. "Espera un poco" le repetía. "Apenas un poco". De rojo y azul se vistió la noche, de silencio y de agonía, de multitud y de preguntas. En apenas un instante, perdía el tesoro que más quería...

sábado, 30 de octubre de 2010

Ni Una Pulga Da

Conoció su piel. Se nutrió de ella. Esa dorada tarde se aferró a su dermis, clavando sus fauces, con tanta intensidad, como si al ocultarse el sol se escaparía con la luz, la dicha. Lo poseyó voraz. Y allí permaneció cada día. Jamás se separaría de él. De ese diario manjar que le alimentaba con su epitelio. Degustaba, deglutía, se relamía de tanto placer robado. Le consumía. Cada sorbo de su sangre, cada célula muerta, cada milímetro de sí, le llenaban de vigor, le hacia más vivaz. Sin embargo cada trago, cada jornada, agotaba inexorablemente un poco su fuente. No quería otra piel. Sólo esa. Era tersa, suave, cálida, perfecta. Con un sabor único, y una vitalidad inigualable. Había probado tantas y ninguna era como aquella. Decidió no soltarle jamás. Sólo comería de él, de sus tejidos, su fibra, su energía. Y así sucedió. Nunca más le liberó. En un hedonista festín por horas interminables, persistía, libando insaciable... Hasta que un amanecer le robó la humedad de sus labios, le sorprendió el sol con la boca seca... Se había desvanecido aquel sabor embriagante, la tersura se convirtió en aspereza. Nada más qué devorar. La aridez cubrió su angustia. Ni una gota, ni una pulgada que absorber, apenas un aroma, un remanso tormentoso, una inmensa sed que paralizó su avidez...

martes, 12 de octubre de 2010

En físico...

¿Cuántos teslas esconde tu perfume? Con cuánta fuerza me atraes y me lanzas en caída libre cada vez que tus ojos reposan en los míos. Este deseo de conocer tu masa, de vencer la fricción de mis dedos en tu superficie, anula la inercia de mis pensamientos, me regresa al ensayo... El corazón se me divide en millones de quarks, cuando aceleras mi sangre al entrar en contacto con tus dimensiones. Atado a la centrípeta emanada de tu vientre, permanezco en eterno movimiento de traslación... Podría consumir mi energía con cada amperio oculto en tus yemas. Pueden tantos psi soportar mis venas, cuando susurras un "tal vez" en mis oídos... E inundas este espacio con los webers de tu presencia, que me mantienen suspendido, en tu área, en eterno ángulo recto, analizando tus coordenadas, esos datos que me permitan resolver satisfactoriamente tu ecuación...

sábado, 9 de octubre de 2010

Final?

Esa noche el cielo se hizo mar y cayó sobre mí. La luna se escondió de mis ojos. Las estrellas se habian ido contigo. Agoté mi última moneda en la misma vieja canción. Esa u otra, daba igual. Aquella melodía no me haría sentir mejor... Subí los grados un poco más. En un trago, quise ahogar mi memoria... Y apuré mi copa buscando el olvido. Creí poder borrar el rastro de tus besos con licor. Tu recuerdo aullaba en mi ser, y tu perfume premamecía clavado en mi piel... La noche prometía ser infinita, como el dolor que se habia aferrado a mis huesos. En un instante, mi mundo tembló. Flaquearon mis piernas. Extravié mi aliento. Un suspiro mortesino bordó mi boca. Un eco en mi cerebro repetía que no lo superaría esta vez. Un demonio me motraba sus garras .Un destello lejano...Titubee. "Está todo perdido". Me dije. De repente, sentí el fuego en mí. Alcé la mirada, descubrí en ese instante, como un nuevo sol, al final de la barra, despuntaba desde el balcón de su pecho.