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sábado, 28 de mayo de 2011

Ex

Ahora formo parte del expediente de tu vida. Mis labios permanecen exiliados de tus besos. Sólo quedaron diluidos recuerdos de nuestra experiencia. Execrado mi nombre de tu memoria, expirado mi tiempo contigo, mientras vuelvo a escarbar los restos de polvo con el inquietante deseo de exhumar lo vivido. Tal vez exagere un poco cuando dejo huir mi alma en media exhalación. Tú, te has quedado en tu extremo. Yo, expectante en el exterior de tus días. Aún no logro expiar mis culpas. Sin hallar las exactas palabras que me permitan explicarte de nuevo lo explosivo. Extraño tus exquisitez, tu sonrisa, tu excitación, tu temblores, toda tu existencia. Carente de exequias, mis anhelos en constante éxodo de tu sed, regresan vacíos y exhaustos. No logro tener éxito contigo. Exento del contacto de tus extremidades, me castigas con tu olvido. Y aunque insista en exaltar tus virtudes, no cambiaría tu exacerbada actitud. Me he gastado cada exaudible acción, toda excusa... Extenuada mi voz de exorarte tanto. Me niego a aceptar que ya no soy tu exultante compañero. Apenas un eterno extranjero de tu excelsa piel.

domingo, 10 de abril de 2011

Tomas

Me ases. Me acercas a tus labios ávidos. Absorbes mi alma. Me haces... feliz. Me dejas. Y yo me quedo a la espera del próximo encuentro. Tu sed insaciable te hace volver aquí. Siempre me hallarás dispuesto. Servido. Tus dedos se deslizan por mi superficie. Cubre mi cuerpo un rocío que se confunde con tu saliva, y alguna que otra gota se cuelga de tu dulce comisura. Me tomas... Yo vuelvo a ceder entre tus manos. No te importa lo que sienta, sólo procuras tu satisfacción. Nada importa, soy de cartón... Transpiro expectante, mientras te saboreas una vez más. Aquí permanezco. Con un mar efervescente por dentro. Entero a la entrega. Tus manos me cogen nuevamente, y mi piel se deshace cual cera fundida. Las burbujas corren presurosas hacia arriba para hacer una fiesta en tu lengua. Esa que me estremece y me deja un tanto vacío en cada succión. Te has llevado todo. Me abandonas rendido. En plena humedad y con los restos de tu carmín, te muestro el último sorbo. Ven. Vuelve a probar. Cuánto más lograrás tomar... Siempre, y aquí podrás colmar tu ansia de mar...

domingo, 6 de marzo de 2011

De Luz

Le sujetó firmemente su mano. Le había jurado permanecer allí hasta el final. Contra cualquier pronóstico, cumpliría su promesa de estar por siempre a su lado. Ella, tendida, respiraba con dificultad mientras su mirada cargada de angustia se clavaba en las pupilas llorosas de él. -Respira, respira- le consolaba. El suplicio aumentaba a cada tanto, arrancándole quejidos al aliento escaso. Llena de miedo, sentía desvanecer sus fuerzas. Su frente perdía el color y sudorosa abrigaba tantos pensamientos, tantos sueños por cumplir... Sus gélidos dedos buscaban el calor guardado en las robustas manos que le asían. En un repentino latigazo de dolor, se aferró a él como queriendo con eso atraer la vida. No le soltaría, ni ahora ni nunca. Él siempre estaría junto a ella. Le amaba con toda el alma. Asustada dejó escapar las lágrimas por sus lívidas mejillas, mientras él se las bebía en un beso, sin poder evitar aún su propio llanto. Se dejó caer procurando el aire en un quedo gemido... Luchaba. Siempre se consideró fuerte, y esta vez no se sería distinto. No se dejaría ganar. Un tormento corrió vertiginosamente por sus venas. Gritó. Buscó sus ojos marrones. Y allí estaban, amantes, brillantes, ahogados... Creyó que el final se acercaba, que después de todo estarían bien...Cerró los ojos cansada. Suspiró de nuevo. Su corazón se detuvo por unos instantes. Sintió paz. Y se llenó de amor cuando de pronto un llanto agudo inundó de luz la habitación. Se miraron, complacidos. Con el rostro iluminado le dieron la bienvenida a la primera flor de su inmenso amor...

martes, 1 de marzo de 2011

Plástica

Dicen que eres plástica, que no te importa nada. Sólo vives para la moda. Y ahí te muestras altiva, feliz, orgullosa de tu figura perfecta. Me ignoras, yo te observo cada mañana. Ni te enteras cuantas personas pasan por aquí. Simplemente disfrutas que ojos ajenos se paseen por tu integridad, entre ellos y como uno más, te contemplo. Me embriago con tu elegancia. Me detengo unos minutos para que mis pupilas hambrientas te devoren. Permaneces allí. En silencio. Lejana. Sofisticada. Inalcanzable. Casi ausente. Tan presente en mi pecho. A medias sonríes, quizá algún día de soslayo descubras que te acompaño siempre, y tu mirada se pose en mis ojos. Sueño con la posibilidad de poseerte. De tenerte en mis manos, que sea yo quien adorne tu silueta. Que mis dedos recorran tu toda tu superficie y logre la ideal combinación. De tu belleza y mi ingenio. De mis ideas y tu perfección. De mis bocetos y tu geometría. Dicen que no tienes sentimientos, que bajo tus pechos erectos, solo hay un vacío. Sin embargo, me amarás, porque sólo yo podré elevar tu hermosura... Me acerco un poco más, y mi aliento dibuja una nube en el cristal que nos separa. Reacciono. Miro el reloj, se hace tarde, debo continuar. Me marcho y te dejo la promesa de ser el responsable de la próxima colección...

miércoles, 23 de febrero de 2011

En el mismo café...

Sentados en la misma mesa. Tan distantes. Pensando el uno en el otro. Han probado el mismo café, en la misma taza tal vez... Él, concentrado en sus negocios. Ella con la mirada en cualquier lugar. Sus cabezas llenas de ideas, proyectos, deseos, sueños. Sus pechos vacíos, fríos, ausentes. La sonrisa perdida en tantos labios ajenos de aquel bulevar. Adornan las horas con palabras prestadas, de terceras voces, con la sola idea de ganarle al azar... Esperan, quizá a que un golpe de suerte les cambie la vida, o un nuevo tramonto les haga girar el timón a un rumbo distinto; todavía esperan. A reflejarse en sus ojos. A entrelazar los dedos. A ser salvados. A sortear la rutina en el mismo café. Su barba recién afeitada, expectante de sus labios carmín. Sus manos impecables acariciadas solo por la servilleta y el frío. Ella levantó su mirada una vez más, no le encontró. Él, clavó su atención en la noticia, y aprestó el oído. No oyó su nombre. Solo sonó una canción. La de ambos. Acordes que erizaban sus pieles ansiosas. Dermis cubiertas de huellas equivocadas. De pronto, una mueca se esforzó por parecer una sonrisa y se colgó en sus labios recién humedecidos del último sorbo. ¿Dónde estará eso que en silencio añoran? ¿En qué momento descuidaron aquello que tanto han atesorado? ¿En qué punto exacto de esas calles colapsadas se encontraba la luz que espantaría las sombras de sus ojos cansados? Una pequeña posibilidad de culpa y redención se paseó en sus mentes. Tal vez no era el momento, probablemente hayan esperado en la lugar preciso pero en un tiempo imperfecto. Decidieron cambiar de hábitos, con la desesperada creencia de engañar al destino. Ella regresó a la misma mesa, pero esta vez a despuntar el día. El se sentó por su café, pero ahora cuando dormía el sol...