lunes, 30 de junio de 2008

Volví...

Guardé silencio. Esa tarde lluviosa. Apreté los dientes y callé. Tenía mucho que decir, que contar... Preferí sentarme quieto a esperar ese momento que creí perfecto. Nunca llegó. O mejor dicho, sí llegó. Llegaron muchos minutos y pasaron de largo, sólo porque yo no los etiqueté de "perfectos"... Y se fue la semana, el mes, el tiempo... mientras, enmudecido por voluntad propia, vagué por las horas. Siempre he creido que si no tenemos nada inteligente que decir, es mejor callarse... Pero si tienes algo inteligente que decir, no lo guardes para el momento preciso, sólo dilo... alguien lo leerá, alguien te oirá, y para ese alguien... será el momento perfecto de tenerlo...
Hoy he vuelto a retomar mis letras, mi teclas... y dejo que mis dedos esteriles vuelvan a dibujar espacios, vidas, recuerdos en este pequeño espacio... Para qué seguir en este estupido voto de silencio a drede... Volví!... No sé si es el momento correcto, pero aqui voy otra vez a la cacería de la perfección...

martes, 13 de mayo de 2008

El conejo Negro


Su jardín estaba lleno de conejos. Alegres. Inquietos. Saltarines. Simpáticos. Cada mañana los alimentaba, los cuidaba con devoción y jugaba con cada uno de ellos. Eran felices. Les trataba a todos por igual... No podía hacer distinción entre ellos. Todos eran idénticos. Blancos. Con grandes y delicadas orejas, narices temblorosas, ojos rojos, y suaves como seda, juguetones, traviesos, como cotufas de algodón que brincaban por todo el jardín. Una mañana su atención se desvió a uno de ellos en particular. Era un conejo negro. Nunca lo había visto antes. Agazapado en un rincón, tímido, solitario, uraño... Sus ojos no dejaron de verle, pero no se atrevió a acercarse. Los blancos conejos felices no dejaban de saltar, de reproducirse y poblaban con su energía cada pulgada del jardín. Mas su atención seguía colocada en aquel conejo. Poco a poco dejó olvidadas a sus inquietas "motitas" con orejas. Con los días, sus ojos no hacían mas que mirar al conejo negro, mientras que los blancos de tanto saltar y brincar para recuperar su atención caían más allá de la cerca, y no podían volver a entrar al jardín. Y así poco a poco se fueron saliendo uno a uno. Hasta que solo quedó aquel conejo negro. Ese día, se atrevió a acercarse por fin al animalito que había llenado su curiosidad. No recordaba por qué nunca antes había jugado con él. Ahí estaba el inerte roedor. Cuando estuvo ya a su lado, se percató que no era negro, era un conejo blanco... sólo que estaba quemado...

martes, 22 de abril de 2008

El Toque de Midas

Todo aquello que tocaba con el corazón era convertido en oro. En una fría, brillante y ausente pieza dorada. Sus dedos podían deslizarse sobre cualquier cosa: plantas, herramientas, armas, superficies, personas; sin sufrir la dramática metamorfosis. Bastaba que les acariciase con afecto, para que la inexorable transformación se produjera en aquello que sintiera su tacto. No podía sentir y tocar. No debía querer y acariciar. Todo lo que amó fue convertido en oro. Con tan solo rozarle, el nefasto efecto se producía. Su amada. Sus hijos. Su corcel. Sus amigos. Como enormes trofeos permanecían inmóviles en el inmenso salón. Le estaba prohibido amar. Así que se encerró en la torre más alta y sufrió hasta que su corazón se secó. Ninguna afección quedaba en su alma. Y así pudo vivir. Sin amar. No volvería a hacer daño. No volvería a sufrir más. Era suficiente dejar de querer, de sentir. Y sus manos tocaron. Construyeron. Crearon. Sus labios besaron. Ganó batallas. Conquistó nuevas tierras; pero nunca más volvió a sentir. Tal vez no era del todo feliz, pero nunca más lloró, nunca más perdió a alguien por la maldición dorada… Hasta que llegó aquella doncella. Hermosa como el sol, de piel de terciopelo, cabellos miel, y labios de luz. Su corazón latió nuevamente. Y como un escalofrío el amor corrió por su espalda. Regresó a la torre, se encerró en el salón. No podía volver a sentir. Había decidido no amar jamás. Sufrió como nunca. No estaba dispuesto a perder a nadie más por el toque de midas. La doncella entró al salón. Allí estaba él, taciturno, temblando, vencido de amor, le miró desde el trono con los ojos ahogados. Ella se acercó lentamente. Con los ojos tristes. Le besó tiernamente… La maldición se había terminado. Con una lágrima fría, la doncella salió del salón, y él se quedó allí, sentado en el trono, convertido en mármol.

jueves, 3 de abril de 2008

Mitófonos


La tecnología celular nos ha permitido actualmente permanecer en contacto con las personas que queremos, dentro y fuera del país. Mandamos y recibimos mensajes de texto de cualquier lugar del mundo, revisamos correo desde el equipito portátil, y ni hablar de las imágenes, vídeos y por supuesto la voz de nuestros interlocutores que podemos obtener a través del dispositivo celular. Ya no existen distancias, ni obstáculos para estar comunicados. Sin embargo, el aparatico en cuestión, también genera en todos y cada uno de nosotros la facilidad de mentir... sí, tal como lo estoy escribiendo. Nos volvemos mitófonos. Decimos que estamos en un lugar cuando efectivamente estamos en otro, o que estamos en una cola trancadísima cuando realmente el tráfico está fluido y constante. Un mensajito impelable en los mentirosos del móvil, es "Voy saliendo" o "Voy en camino", mientras el emisor se encuentra frente al espejo decidiendo que vestir para acudir al encuentro, y nosotros esperando desde hace rato. Otras "verdades" que nunca faltan son: "Estaba por llamarte", "No escuché tu llamada" "No me llegan tus mensajes" o "Me estoy quedando sin bateeeeríaaaa... tutututu" y por supuesto la más imperdonable de todas: "Yo te llamo en cinco minutos", porque no nos devuelven la llamada jamás... no obstante todo ello, y para nuestra salud, o por lo menos para la mía, "Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario" Jejejeje

jueves, 27 de marzo de 2008

Pregúntame cómo!

Actualmente existe una gran ola de "expertos" por la calle que ya ni es necesario buscar en las paginas amarillas... Basta con sentarte en un cafecito con vista al boulevard o al pasillo del mall. Veremos transitando por doquier a estos conocedores, portando orgullosos sus respectivas chapitas identificadoras de la solución que usted necesita. Todo el mundo parece haber encontrado la receta perfecta para adelgazar (comiendo de todo -Faltaba mas-), para ser feliz, aprender tres idiomas en 15 días (cuti incluido), leer como ametralladora, y atraer billetes a tu vida con solo unas "pensaditas nocturnas"... y eso no es lo mejor, lo bueno es que están dispuestos a enseñártelo... Así es! Para qué esperar más y esforzarse tanto. Si el gordo de la esquina, perdió veinte kilos con las pastillitas verdes y sus batidos naturales, comiendo de todo pero eso sí antes de las 8 a.m... El gago aprendió a hablar hasta checoslovaco rapidísimo, la vaina es saber si alguien le entiende... Y ni hablar de Joaquina, quien se leyó a Cien Años de Soledad en Cien minutos de ocio, pero no recuerda quien es Remedios la Bella... Bah! No digo que no funcionen algunas de esas técnicas, es sólo que me da desconfianza tanto brillo y rapidez... Además el ejemplo real es algo que no consigues fácilmente. No creo en la felicidad instantánea. Ni en recetas exactas, ni palabritas mágicas o técnicas maravillosas... eso método prefabricado conmigo no va... Así que a es@s portadores de chapitas, con su actitud de sabihondos, se pueden quedar hasta con la hora! No vaya a ser que te salgan con una para distribuir mejor el tiempo productivo y blah blah... ¿Qué te pregunte cómo...? ¿Cómo esta la vaina? jejeje

jueves, 20 de marzo de 2008

Compartir

Muchas veces he sentido que no tengo nada, que las cosas "mías" no son realmente mías... Quizás porque en algunos casos son compartidas con alguien o algunos más; en otros, por el desapego que presento con ellas. Lo cierto es que, aunque me preocupo y lucho por lo material, no es algo que en definitiva termina rompiendo mi cabeza. Además no es el punto de este post. Cuando titulé "Compartir" esta nueva nota el living, pensé en todas aquellas cosas que siempre necesitan un cómplice, un par de oídos , un simple testigo para que tengan sentido. Contar con alguien a quien entregarle esa rebanada de vida, esa alícuota de noticia, es realmente importante... Cuan aburrido es un logro cuando no tienes con quien celebrarlo!! Cómo duele una tristeza cuando careces de hombros! Me da hasta flojera llorar!! Definitivamente es imprescindible para mí tener a esos "colegas" disponibles para recrear la historia, el plan o encontrar la excusa perfecta para salir a comer... jejeje... Somos animales sociales, no lo puedo negar, aunque crea ser en algunos casos "autosuficiente", las cosas cuando dejar de ser solo tuyas para convertirse en "nuestras" toman una dimensión mas definida y hasta más divertida y llevadera... por lo tanto este blog es mio, mio, mio... jejejeje

domingo, 9 de marzo de 2008

Hacer...


Escribir, hacer, actuar (y no sólo en la interpretación de roles), crear... Tantas tareas pendientes, tantos sueños y proyectos en la lista de espera, en un leve suspenso por ser iniciados, consumados, conquistados... A veces por tiempo, otras por escasa iniciativa. Tengo un pequeño conflicto con los comienzos, no me gusta dejar las cosas a medio construir... esa es seguramente mi peor excusa para postergarlas... Pero he descubierto que la vida está llena de inicios, de primeras veces, primeros pasos; que son justamente los más difíciles, los más incómodos, los más inseguros, (por aquello de la inexperiencia) sin embargo, también estoy consciente de que si nunca empiezo, jamás terminaré nada, y permaneceré siempre en el mismo lugar... Y aquí estoy, en la mitad del camino, mirando hacia adelante, al horizonte, a todo aquello que aún falta por hacer, por luchar, por alcanzar... Tal vez sólo deba ver hacia atrás... observar cuan lejos estoy de aquel paso uno, y de cuántos he dado ya, de cuánto he avanzado... Ahí seguramente encontraré el ánimo, la fuerza... para seguir andando... para seguir... siempre seguir, hasta arribar a ese único lugar que está aquí o en cualquier parte...