Aquí o allá. Da igual. Dondequiera que te he buscado,como un espejismo, apareces por escasos segundos, o han sido acaso las burbujas y los grados en mi cabeza. He jugado, apostado, lanzado los dados una vez más... haciéndome el tonto, pero inconscientemente te esperaba allí. Sonriente. Dulce. Perfecta. Como te creí. No es mas que un capitulo más... El hechizo se desvanece. Y debo huir antes de mostrarme tal cual soy, y terminen odiándome... Quizá haya una segunda vuelta, pero nunca será permanente... ¡Me harté de jugar contigo al pollo ciego! Miles de ojos, lluvia de labios, mares de pieles. Infinitos nombres. .. Nunca los tuyos, nunca tú. Fantasma burlista. He aquí mi blanca bandera. No puedo contigo. Ya no te espero, mientras subo y bajo, entro y salgo... Dejaré que me asaltes. Que me tomes por sorpresa en cualquier momento, en cualquier lugar. No haré el esfuerzo de reconocerte. Tendrás que convencerme tú esta vez... porque no quiero un ensayo más con mil errores. Seguiré jugando... pero no contigo.
domingo, 13 de julio de 2008
lunes, 7 de julio de 2008
Me equivoqué contigo...
...Y doy gracias a Dios por ello. Tuve que apretar los dientes, y enfundarme de valor para no caer contigo. Con los puños apretados, luché contra el monstruo hambriento del dolor. Vi temblar tus piernas, mientras yo seguía de pie. No nos vencería a los dos. Me lo había prometido todo el camino. Te sostuve en mis brazos, cuando me mostraba sus arrogantes colmillos salivados y deseosos... ¡Yo también tengo garras y dientes! No le permitiría jamás ser presas fáciles... Y te descubrí frágil, distinta, marchita... Con esos ojitos sin brillo, que me hacían tanto daño cuando me miraban incrédulos, lejanos e indagadores. Pensé que no serías nunca más como antes. Entendí entonces que sólo eras humana. De momento sentí desilusión. Creí que te habías caído... No podía mas que negarme esa posibilidad... No, tú no... ¡Jamás! Sin embargo hoy me alegro de haberme equivocado. No fue mas que un ventarrón que nubló mi vista. No fue mas que un sacudón inesperado. Te vuelvo a encontrar con la misma sonrisa, con esa luz de tus ojos, con esa fuerza que me enseñaste... Vuelves a ser... No, vuelves no... Sigues siendo mi más increíble heroína, y por eso no puedo mas que amarte y admirarte, de celebrar tu templanza y tu entereza, de levantar mi espada y mi copa por tu salud y por tu gloria, desde hoy hasta el fin de los tiempos...
domingo, 6 de julio de 2008
¿Dónde estás?
Como si fuese la única salida, como siguiendo esa luz diminuta al final del pasillo, con los ojos cerrados y los oídos ahogados con la cadena de notas y acordes, sus pies anduvieron hipnotizados sin detenerse un segundo; lenta y persistentemente continuaron en movimiento por largas horas... Cuándo despertó finalmente, no logró reconocer el espacio. Se había extraviado nuevamente. ¿Dónde estás ahora? Me pregunté una vez más. Mientras terminaba de anotar mis apuntes diarios, buscaba la mejor manera de hacer contacto contigo, pero sólo tú podías hallarme. Por lo que la ultima opción que tenía era la de esperarte... Esperar tu regreso... ¿pero cómo se espera el retorno de la paciencia extraviada...?
lunes, 30 de junio de 2008
Volví...
Guardé silencio. Esa tarde lluviosa. Apreté los dientes y callé. Tenía mucho que decir, que contar... Preferí sentarme quieto a esperar ese momento que creí perfecto. Nunca llegó. O mejor dicho, sí llegó. Llegaron muchos minutos y pasaron de largo, sólo porque yo no los etiqueté de "perfectos"... Y se fue la semana, el mes, el tiempo... mientras, enmudecido por voluntad propia, vagué por las horas. Siempre he creido que si no tenemos nada inteligente que decir, es mejor callarse... Pero si tienes algo inteligente que decir, no lo guardes para el momento preciso, sólo dilo... alguien lo leerá, alguien te oirá, y para ese alguien... será el momento perfecto de tenerlo...
Hoy he vuelto a retomar mis letras, mi teclas... y dejo que mis dedos esteriles vuelvan a dibujar espacios, vidas, recuerdos en este pequeño espacio... Para qué seguir en este estupido voto de silencio a drede... Volví!... No sé si es el momento correcto, pero aqui voy otra vez a la cacería de la perfección...
Hoy he vuelto a retomar mis letras, mi teclas... y dejo que mis dedos esteriles vuelvan a dibujar espacios, vidas, recuerdos en este pequeño espacio... Para qué seguir en este estupido voto de silencio a drede... Volví!... No sé si es el momento correcto, pero aqui voy otra vez a la cacería de la perfección...
martes, 13 de mayo de 2008
El conejo Negro

Su jardín estaba lleno de conejos. Alegres. Inquietos. Saltarines. Simpáticos. Cada mañana los alimentaba, los cuidaba con devoción y jugaba con cada uno de ellos. Eran felices. Les trataba a todos por igual... No podía hacer distinción entre ellos. Todos eran idénticos. Blancos. Con grandes y delicadas orejas, narices temblorosas, ojos rojos, y suaves como seda, juguetones, traviesos, como cotufas de algodón que brincaban por todo el jardín. Una mañana su atención se desvió a uno de ellos en particular. Era un conejo negro. Nunca lo había visto antes. Agazapado en un rincón, tímido, solitario, uraño... Sus ojos no dejaron de verle, pero no se atrevió a acercarse. Los blancos conejos felices no dejaban de saltar, de reproducirse y poblaban con su energía cada pulgada del jardín. Mas su atención seguía colocada en aquel conejo. Poco a poco dejó olvidadas a sus inquietas "motitas" con orejas. Con los días, sus ojos no hacían mas que mirar al conejo negro, mientras que los blancos de tanto saltar y brincar para recuperar su atención caían más allá de la cerca, y no podían volver a entrar al jardín. Y así poco a poco se fueron saliendo uno a uno. Hasta que solo quedó aquel conejo negro. Ese día, se atrevió a acercarse por fin al animalito que había llenado su curiosidad. No recordaba por qué nunca antes había jugado con él. Ahí estaba el inerte roedor. Cuando estuvo ya a su lado, se percató que no era negro, era un conejo blanco... sólo que estaba quemado...
martes, 22 de abril de 2008
El Toque de Midas
Todo aquello que tocaba con el corazón era convertido en oro. En una fría, brillante y ausente pieza dorada. Sus dedos podían deslizarse sobre cualquier cosa: plantas, herramientas, armas, superficies, personas; sin sufrir la dramática metamorfosis. Bastaba que les acariciase con afecto, para que la inexorable transformación se produjera en aquello que sintiera su tacto. No podía sentir y tocar. No debía querer y acariciar. Todo lo que amó fue convertido en oro. Con tan solo rozarle, el nefasto efecto se producía. Su amada. Sus hijos. Su corcel. Sus amigos. Como enormes trofeos permanecían inmóviles en el inmenso salón. Le estaba prohibido amar. Así que se encerró en la torre más alta y sufrió hasta que su corazón se secó. Ninguna afección quedaba en su alma. Y así pudo vivir. Sin amar. No volvería a hacer daño. No volvería a sufrir más. Era suficiente dejar de querer, de sentir. Y sus manos tocaron. Construyeron. Crearon. Sus labios besaron. Ganó batallas. Conquistó nuevas tierras; pero nunca más volvió a sentir. Tal vez no era del todo feliz, pero nunca más lloró, nunca más perdió a alguien por la maldición dorada… Hasta que llegó aquella doncella. Hermosa como el sol, de piel de terciopelo, cabellos miel, y labios de luz. Su corazón latió nuevamente. Y como un escalofrío el amor corrió por su espalda. Regresó a la torre, se encerró en el salón. No podía volver a sentir. Había decidido no amar jamás. Sufrió como nunca. No estaba dispuesto a perder a nadie más por el toque de midas. La doncella entró al salón. Allí estaba él, taciturno, temblando, vencido de amor, le miró desde el trono con los ojos ahogados. Ella se acercó lentamente. Con los ojos tristes. Le besó tiernamente… La maldición se había terminado. Con una lágrima fría, la doncella salió del salón, y él se quedó allí, sentado en el trono, convertido en mármol.
jueves, 3 de abril de 2008
Mitófonos

La tecnología celular nos ha permitido actualmente permanecer en contacto con las personas que queremos, dentro y fuera del país. Mandamos y recibimos mensajes de texto de cualquier lugar del mundo, revisamos correo desde el equipito portátil, y ni hablar de las imágenes, vídeos y por supuesto la voz de nuestros interlocutores que podemos obtener a través del dispositivo celular. Ya no existen distancias, ni obstáculos para estar comunicados. Sin embargo, el aparatico en cuestión, también genera en todos y cada uno de nosotros la facilidad de mentir... sí, tal como lo estoy escribiendo. Nos volvemos mitófonos. Decimos que estamos en un lugar cuando efectivamente estamos en otro, o que estamos en una cola trancadísima cuando realmente el tráfico está fluido y constante. Un mensajito impelable en los mentirosos del móvil, es "Voy saliendo" o "Voy en camino", mientras el emisor se encuentra frente al espejo decidiendo que vestir para acudir al encuentro, y nosotros esperando desde hace rato. Otras "verdades" que nunca faltan son: "Estaba por llamarte", "No escuché tu llamada" "No me llegan tus mensajes" o "Me estoy quedando sin bateeeeríaaaa... tutututu" y por supuesto la más imperdonable de todas: "Yo te llamo en cinco minutos", porque no nos devuelven la llamada jamás... no obstante todo ello, y para nuestra salud, o por lo menos para la mía, "Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario" Jejejeje
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